jueves, 2 de agosto de 2007

¿POR QUÉ NO CREES EN LA INOCENCIA?

Cuando sientes dificultades para aceptar a los demás, puede ser por estas razones:

1. No te aceptas a ti mismo.
2. Tu sistema de pensamiento, y tus creencias, se basa en la separación.

Cuando te sientes atacado, crees que tienes dos opciones por las que decidirte para responder a quien parece que te ataca:

. La venganza.
. La inocencia.

El único obstáculo que le pones a la inocencia está en que no quieres salir de tus complejos de inferioridad y de culpa, ya que sólo puedes ofrecer venganza si tú mismo crees en el dolor.

Si accedes a un intercambio de dolor, estás estableciendo una lucha de poder con la otra persona; le presionas para que cambie cuando tú mismo no asumes ese cambio.

Un Curso de Milagros opina a este respecto:

Cuando te alteras y pierdes la paz porque otro está tratando de resolver sus problemas valiéndose de fantasías, estás negándote a perdonarte a ti mismo por haber hecho exactamente lo mismo. (UCDM. Cap. 17, I, 6-5)


Y Bernabé Tierno mantiene la misma opinión:

Perdono cuando corrijo mi propia percepción errónea de que alguien me ha querido hacer daño de forma intencionada, con verdadera maldad.

Para despojarme de sospechas, rencores, juicios recriminatorios y resentimientos, es necesario que mi mente explique, comprenda los mecanismos internos que han podido impulsar al otro a tratarme de forma injusta, despiadada o desconsiderada. (Tierno, 1992 (I):216)



Puedes ver en el siguiente esquema los resortes que te mueven a extender la inocencia o no:


CREES QUE ALGUIEN TE ATACA


RESPONDES DESDE RESPONDES DESDE
EL EGO (Separación) EL AMOR (Unidad)



TE DEFIENDES COMPRENDES



ATACAS ACEPTAS: Ves una petición
de amor a través del dolor y respondes con inocencia.




De cualquier manera, hazte consciente de tus reacciones interiores:

. De aquello que realmente sientes.
Tal vez te resulta doloroso y reaccionas con ira, pues te has acostumbrado a negarte y a reprimirte.

. De si abandonas, o no, tu papel de víctima.
Como has pasado gran parte de tu vida sintiéndote víctima de los demás, puedes creer que si dejas de hacerlo pierdes tu personalidad. Si te has creído víctima de algunas circunstancias no es necesario que ahora te lo niegues, pero tampoco es necesario que sigas representando un papel que no te corresponde.


TUS CONCEPTOS ERRÓNEOS SOBRE LA INOCENCIA

Por lo general, las personas carecemos de un pensamiento libre que nos sea útil para discernir lo que es nuestra voluntad. Entregamos nuestro poder personal a gobiernos, religiones y multinacionales cuando aceptamos las consignas con que insistentemente nos bombardean.

Al recibir una información constante, repetida hasta la saciedad, automáticamente la interiorizamos y asimilamos las creencias que lleva en nuestro sistema de pensamiento. Así, podemos mantener una contradicción ideológica entre lo que decimos, a través de la razón, y lo que hacemos, nuestra profunda convicción.

Estas convicciones son ideas-base, creencias comunes y generalizadas que adoptamos apenas sin ser conscientes. Una de estas creencias interiorizadas en el corpus social es la que nos dice que la inocencia significa cobardía.

Este concepto erróneo está compuesto por ideas interesadas, a niveles políticos, religiosos y económicos, en mantener a las personas en la ignorancia de la separación íntima y con los demás. Algunas de estas ideas son:


1- CREES QUE TE TRAICIONAS PORQUE TE OLVIDAS DE LA OFENSA QUE RECIBES

Tu actitud cotidiana ante las experiencias que te ofrece la vida es engancharte a la rabia y al dolor.

El dolor te bloquea, acusa para que te mantengas sintiéndote culpable.

El paso necesario que te corresponde dar para salir del dolor es, precisamente, analizar esas circunstancias para saber el motivo de tu resentimiento como primer paso para liberarte de la ira.


2- CREES NECESARIA LA INOCENCIA, PERO CONSIDERAS QUE LOS DEMÁS NO LA MERECEN

Puedes entender que crees en la percepción inocente pero, también, que no lo sientes dentro de ti.

No importa. A pesar de que mantienes la rabia en tu interior, mantente fuerte en una actitud de inocencia para dar tiempo a que se diluyan tus contradicciones.

De esta manera, tu voluntad es la guía de lo que tú sientes, de cómo te consideras a ti mismo:

A- Si mantienes ira contra alguien porque consideras que en algún momento te hizo daño, tu actitud es la de ser merecedor de aquel daño y sigues dándote tú mismo el mismo daño que sentiste antes.

B- Si decides vivir con alegría y no mantener el dolor dentro de ti, tu voluntad es estar en paz contigo mismo.

Cuando no aceptas, tú eres quien sufre y quien se debate en el conflicto, no la otra persona.


3- SI PIDES PERDÓN, TE PARECE QUE RECONOCES QUE NO TIENES RAZÓN

Prefieres tener la razón, eso te da sensación de poder, antes que comunicar y compartir tus dudas. Pero ten en cuenta que:

I -Quien no perdona cree que tiene más personalidad identificándose con el dolor.

II -Quien pide perdón ofrece a la otra persona que no se identifique con el dolor.


4- CREES QUE SE VA A REPETIR TU MALA EXPERIENCIA

Tal vez estás creyendo que tienes que perdonar algo que no tiene perdón. Te da miedo volver a vivir lo mismo, pero con ese miedo te has condenado a revivirlo permanentemente dentro de ti.

Si temes que se repita un comportamiento, tuyo o de otra persona, estás generando tú mismo que suceda eso que no quieres vivir.

Reconocer la inocencia te favorece a ti, pues “te libera de tener que reproducir mentalmente una y otra vez esa escena que te hiere” (Bishop/Grunte, 1999:37), y favorece a la otra persona, porque le ofreces la posibilidad de contemplar la opción de la inocencia. Así, los dos contáis con la posibilidad de salir de la ira.
5- CREES QUE PERDONAS Y PIDES PERDÓN PORQUE NO TIENES UNA PERSONALIDAD MADURA

Cuando te dejas dominar por esa parte de tu mente que no es paz universal se invierte tu sistema de pensamiento y tus creencias se basan en:

. Te separas de ti mismo.
. Consideras reales tus propias ilusiones de separación y las aplicas a tus relaciones.

Así es como crees que te mantienes fuerte, cuando, en realidad, te debilitas a ti mismo, ya que luchas contra tu misma naturaleza.

Cuando en tus pensamientos sólo hay inocencia te fortaleces interiormente, pues:

. Te estás responsabilizando de lo que haces.
. Te alejas del orgullo, que es tu excusa por sentirte solo y rechazado.
. Afirmas y fortaleces tu verdad interior. Esto te da valentía y autoestima.


6- TE ENFADAS PARA SENTIRTE SEGURO

Puedes tener un concepto de la inocencia basado en que:

. Te crees indefenso.
. La otra persona no paga su culpa.

Pero en realidad es abandonar la ira y el enfado por lo pasado para no repetirlo en el presente. Y que te enfades no te protege del daño que te pueda ocurrir, sino que:

. Te haces daño tú mismo.
. Atraes nuevas experiencias de dolor.


7- CREES QUE NO PUEDES CONSIDERAR INOCENTE A LA OTRA PERSONA HASTA QUE NO SE DECLARE CULPABLE

Crees que siempre te toca a ti dar tu brazo a torcer. Y que no hay derecho a que los demás no tengan en cuenta tu dolor.

De esta manera, la inocencia no te parece justa y te mantienes enfadado esperando que la otra persona se arrepienta, con lo que te bloqueas, ya que decides que tu comportamiento sea una reacción a lo que haga la otra persona.


CARACTERES GENERALES DE LA INOCENCIA

Toda una serie de características generales definen a la actitud de la inocencia:

. Voluntad
Quien se expresa con insensibilidad o violencia está movido por el miedo. Su actitud es una petición de ayuda, una petición urgente de ser reconocido en el Amor. Por tanto, sólo tus condicionamientos te hacen creer que quien así se comporta es tu contrario o diferente a ti.

Y asumes tu poder real al dejar de considerarte una víctima y al percibir inocente todo

. Unidad
La inocencia, únicamente puede ser para todos. Te respetas a ti mismo porque dejas de tratarte injustamente cuando te aceptas. Respetas a todos los demás puesto que les confortas con el amor incondicional.

. Humildad
Cuando reconoces la inocencia fortaleces el poder de tu voluntad, porque eliges el amor para ti y para los demás. Y eres humilde ya que te reconoces exactamente como eres:

. Un ser espiritual.
. Uno con todos.

. Paz
Lleno, pletórico de paz, te deja la inocencia:

. Respiras bien.
. Estás siempre relajado.
. Te da fácil un llanto emocional, casi interno.
. Puedes asistir a una situación dolorosa desde una perspectiva de serenidad y entenderla de una forma no traumática.
. Aceptas a los demás tal como son, sin plantearte si te agradan o no.
. Te reconoces, junto con todo lo que existe, digno de Amor.
. Te sinceras contigo mismo y con los demás.

EL PROCESO HACIA LA INOCENCIA

A través de la inocencia sanas tu conflicto interno, a la vez que ayudas a sanarlo a las personas implicadas en tus experiencias vitales. Es un proceso que podemos definir en las siguientes etapas:

1. Acción.
2. Conflicto.
3. Dolor
4. Revelación.
5. Comunión.

Veamos el desarrollo de cada uno de estos pasos:

.ACCIÓN
Es el momento del hecho en que dos personas entran en conflicto. Las dos personas reciben daño, aunque aparentemente una agrede y otra es la víctima. Las dos personas entran en un estado de desesperación por el choque emocional consecuencia de lo ocurrido y que traducen en ira, temor y rechazo.

.CONFLICTO
El primer efecto de la acción es el conflicto que genera. Tu posicionamiento mental es que tú tienes razón y que la otra persona está equivocada. Atacas y culpabilizas a la otra persona, pero en el fondo te endurece la ira y tu conducta está llena de resentimiento.

.DOLOR
Te desespera sentirte tan bloqueado y cada vez que recuerdas lo que pasó te desesperas aún más. Tu resentimiento permanente corroe tu salud y desarrolla bases de conflicto para tus futuras relaciones.

.REVELACIÓN
En cada una de tus experiencias está la posibilidad de que vayas más allá de ella. Puede que tengas que revisar tus actitudes ante ti mismo y tu conducta con los demás para que no vuelvas a crearte experiencias que no deseas. Una vez aprendida la lección que encierra cada experiencia te liberas de las consecuencias de esa vivencia y te mantienes en alegría y paz.

.LIBERACIÓN
No encuentras sentido a la lucha de poder que mantenías.
Decides que no quieres dolor para ti ni para nadie.
Te reconcilias con la otra persona reconociendo el aprendizaje mutuo que os significó vivir aquella experiencia.

.COMUNIÓN
Aceptas lo esencial de tu condición humana, que es la unidad, y puedes comprender, pues tienes capacidad de ponerte en el lugar emocional y psicológico del otro.

Con la visión de la inocencia ofreces a toda persona tu amor de la forma que lo necesita, no de la manera que tú quieres dárselo. Entiendes bien lo que necesita el otro, y entiendes muy bien su proceso de apertura al conocimiento. Tal vez porque tú estás en el mismo proceso, perfectamente resumido por Bernabé Tierno:

El perdón que contribuye al gozo indescriptible de la paz y de la verdadera felicidad es producto del conocimiento interior, de la inteligencia y de haber decidido libremente despojarnos de pensamientos de ataque, de temores y descalificaciones, por entender que hay otra manera más noble, práctica, digna e inteligente de ir por la vida, y es sembrando amor en cada presente de cada día como si sólo este instante, éste “aquí y ahora”, fuera toda la existencia de que dispongo. (Tierno, 1992(II):40)

Pero la inocencia ha de ser total para que tu conocimiento del otro también sea total, y para que cualquier circunstancia no prevista no te haga tambalear, como dijo Joan Borysenko:

Todo el conocimiento del mundo vale muy poco si nuestro rencor sigue creciendo cada vez que el comportamiento de un desconocido nos recuerda nuestras relaciones no sanadas. (Borysenko, 1994:14)


De este modo, cualquier persona, conocida o no, se convierte en tu maestro de la inocencia, pues toda persona espera de ti que no le juzgues y que, por el contrario, le declares inocente para el bien de ambos. Por esta importante razón te sientes necesitado de respetar a todo ser: A quién no conoces, a quién amas, a ti mismo.

Aunque ya sabes que es muy importante que tu visión inocente sea total, te puede resultar más fácil que la apliques, como un primer paso, a las personas que no conoces, porque no has tenido relaciones con ellas ni enganches a la rabia y al dolor.

La actitud de la inocencia se adquiere con la práctica, así que también te es muy útil que declares inocentes a estas personas, pues es posible que adoptes un papel de crítica para mantenerte lejos de ellas:

. De superioridad.
Crees que los demás están equivocados cuando piensas “No me gustan los extranjeros” o “Las mujeres guapas son tontas”.

. De inferioridad.
Cuando te excusas, como cuando piensas “No sé expresarme bien”, “Estoy gorda”, “Es más listo que yo”.

Cuando extiendes la inocencia entre las personas que conoces y que, por tanto, amas, aprendes a respetar y comunicarte. No dices a nadie si hace mal o hace bien si no te lo pide; lo contrario es juzgar y las personas juzgadas se sienten atacadas. En cambio, habla de ti, de tus conflictos y sentimientos, de tu visión personal.

Escucha siempre con el corazón y no te escondas en la prisa para no oír lo que la otra persona necesita decirte. Pero no juzgues lo que escuchas y céntrate en prestar atención a las experiencias que te comunica esa persona. Entiende qué no te dice la persona que tienes delante y qué es importante para ella.

Y cuando te aceptas a ti mismo, sanas el dolor personal que manifiestas en rabia, tristeza, resentimiento, culpa y ataque. Dejas de reprimir tu dolor para no conservarlo más, con lo que dejas de hacerte la víctima.

ACÉPTATE

Algo –algo casi material- ha salido de usted. Ya no lleva la carga que tenía; se la ha quitado de encima. La ira puede haber cedido el paso al pesar y a la pena. La rabia puede haber perdido fuerza hasta convertirse en indiferencia o piedad. Dentro de lo que podría parecer blanco y negro se ha introducido algo de gris.

Se han reducido las tensiones musculares que usted había llegado a considerar normales. Es menos vulnerable a la infección o a males mucho más graves. Su sistema inmunológico se refuerza. Los músculos de su cara se aflojan. Los alimentos saben mejor. El mundo parece mejor. Disminuye radicalmente la depresión. Se encuentra más disponible para los demás y mucho más disponible para usted mismo; y, no obstante, se siente menos ansioso cada vez. (Dowrick, 1999:269)



La anterior descripción de Stephanie Dowrick, ¿describe un nuevo medicamento milagroso? ¿O es que ha comenzado la revolución social que todos los seres humanos ansiamos para conseguir la paz y la felicidad en el mundo?

Pues sí, las dos cosas. Porque la inocencia es el más hermoso acto de libertad y se consigue revolucionándote en lo íntimo a ti mismo: Quién únicamente necesita inocencia eres tú mismo, pues solamente tú puedes sanar tu percepción.

La primera persona a la que vas a ver inocente es a ti, pero esto no lo vas a conseguir hasta que seas capaz de ver la inocencia en los demás. Por esto, cada una de las personas con la que te encuentras es una nueva oportunidad para tu propia aceptación a través de verla inocente a ella.

Bendice y entiende, pues, a toda persona que parece tu acusador, porque en ese encuentro tienes la clave para deshacerte de tus limitaciones. Es la única posibilidad de que dispones para percibir inocente, ya que la visión que tienes de cada ser es un aspecto de la visión que tienes de ti mismo. Pero, también, es una oportunidad que se te repite muchas veces al día pues tu inocencia se te ofrece en cada encuentro con otro ser.

Aunque puedes encontrar un inconveniente: Si tienes problemas para aceptarte, para amarte a ti mismo, seguramente que no estás dispuesto a la inocencia. Realmente no es necesario que seas duro contigo mismo para aprender y llegar a ser una persona madura. Recuerda que tú no eres culpable de nada, que todo lo que has hecho en tu vida era lo mejor que sabías y que podías hacer.

Si ocultas tus preocupaciones las mantienes y no solucionas ni te liberas de tus problemas. No son nada, no les das importancia porque no te absorben, pero sí que te determinan a que percibas a los demás a través de ellos.

Y si responsabilizas a los demás de tus propios problemas no estás siendo justo. Les culpabilizas igual que estás haciendo contigo. Luego, puedes creerte atacado y, por supuesto, puedes vengarte. Así, resulta, que no tienes misericordia para contigo ni para nadie.

Acéptate. Tu única responsabilidad es que seas amoroso contigo mismo. Una minúscula apertura al Amor en ti, será suficiente para que veas el Amor en los demás.

No creas que sanas reprimiendo la rabia en un difuso malestar que olvidas en el fondo de ti mismo queriendo convencerte de que todo va bien. Regocíjate siendo sincero con tu interior, sintiéndote en paz. Ten el valor de ser feliz.

Acéptate, eres inocente.

Acéptate porque, a veces, no ayudas lo suficiente a los seres necesitados que viven cerca de ti.

Acéptate por maltratar a quien te pide ayuda.

Acéptate porque no te mantienes dentro de tus mismos principios.

Acéptate, porque en vez de hacer hablas de hacer.

Acéptate porque tiras comida cuando tantos seres humanos mueren de hambre.

Acéptate, eres inocente. Y también inocente es tu cuerpo. Inocente fue tu infancia e inocentes son tus experiencias.



ACEPTA A TU CUERPO

Tu cuerpo es sólo un instrumento al servicio de tu espíritu. Es únicamente accesorio, lo esencial es el espíritu. Tu cuerpo te provoca frustraciones porque le atribuyes unas necesidades y un poder que en realidad no tiene. El cuerpo ni piensa ni siente, no tiene poder alguno. Es un elemento de aprendizaje del que te sirves en este mundo que has inventado y, que por ser una ilusión tuya, te parece real.

La creencia de que puedes dañar a otros resulta de tu identificación absoluta con tu cuerpo, ya que identificado con el espíritu sólo percibes inocencia y unión, pues en el nivel real del ser no existen las conveniencias ni los intereses personales.

La inocencia se refleja en el cuerpo como sanación física, pues cuando centras al cuerpo en su función, que es servir a la evolución espiritual, simplemente te obedece sin problemas.

La inocencia sana psicológicamente pues deshaces tu conflicto mental cuando te identificas con la realidad del espíritu:

. Restableces en ti el conocimiento: Todos los espíritus son uno y este uno se define en Amor.

. Reconoces que el único objetivo de cualquier relación es la unión.

Tu cuerpo te obedece. Según el sistema de pensamiento por el que te riges, así puedes dar funciones distintas a tu cuerpo:


CUERPO



Separación Unidad
con todo lo vivo con todo lo vivo


Enfermedad Sanación


Crees que el cuerpo es Eres libre
débil y lo rechazas porque
crees que no es parte de ti


Odias al cuerpo Extiendes el amor


Crees que tu cuerpo La inocencia y la santidad
te limita son tuyas.


Eres tú quien ha convertido Tu aquí y ahora se
al cuerpo en el símbolo de la convierte en infinito y
limitación eternidad


Te aprisionan las leyes que tú
mismo has inventado


Intentas limitar a los demás con tus
propias leyes porque crees que así
das seguridad a tu cuerpo


No estás obligado a mantenerte en
este sufrimiento de la separación.
Tú tienes el poder de cambiar.


Tal como se explica en Un Curso de Milagros, observa la importancia de determinar tu sistema de pensamiento, pues es la base de tu percepción del mundo:


O bien ves la carne o bien reconoces el espíritu. En esto no hay términos medios. Si uno de ellos es real, el otro no puede sino ser falso, pues lo que es real niega a su opuesto.

La visión no ofrece otra opción que ésta. Lo que decides al respecto determina todo lo que ves y crees real, así como todo lo que consideras que es verdad.

De esta elección depende todo el mundo, pues mediante ella estableces en tu propio sistema de creencias lo que eres: carne o espíritu.

Si eliges ser carne jamás podrás escaparte del cuerpo al verlo como tu realidad, pues tu decisión reflejará que eso es lo que quieres.

Pero si eliges el espíritu, el Cielo mismo se inclinará para tocar tus ojos y bendecir tu santa visión a fin de que no veas más el mundo de la carne, salvo para sanar, consolar y bendecir. (UCDM. Cap. 31-VI,1)


Igual dijo Jesús respecto a la función y realidad del cuerpo en el Nuevo Testamento:

El espíritu es el que da vida, la carne de nada sirve. (Juan 6,63-69)


Acepta que te has servido de tu cuerpo para creer en la separación y en el dolor.

Te creíste incompleto y buscaste otro cuerpo para unir al tuyo. Cuando lo encontraste le hiciste tu ídolo y le diste el poder de tu voluntad cuando no eras consciente de tu creencia de que te faltaba algo.

Pero, en realidad, no era el ídolo, el cuerpo, lo que querías, pues cualquier cuerpo te pudo ofrecer lo que buscabas, que era la sensación de sentirte completo.

Acepta que te equivocaste al considerar a tu cuerpo el portador de tu voluntad. Tu plenitud está en tu espíritu y no tienes que buscarla porque es tuya desde siempre, aunque sí tienes la necesidad de creer en tu propia plenitud.

Dirige a tu cuerpo, pues en tu ilusión de ataque lo has utilizado para culpabilizarte a ti mismo a través de juzgar a los demás.

Vigila a tu cuerpo, porque, por tu creencia en la separación, estableciste ilusiones de unión a través del sexo. Tú que eres espíritu, te negaste a ti mismo y entregaste tu voluntad al ídolo que hiciste del cuerpo para encontrar otros cuerpos que apoyaran tu percepción carente de sentido. Y sólo encontraste confusión.

Libera a tu cuerpo, porque ninguna relación física puede aportar nada a tu ser y cuando te identificas con opciones sexuales puedes estar considerando a los seres humanos como limitados a ser objeto de tu deseo.


ACEPTA A TUS PADRES

Cuando eras niño hiciste ídolos de tus padres porque ellos eran tu guía y para ti eran tan imprescindibles que tal vez ahora no serías como eres sin la entrega total que te ofrecieron.

En tu adolescencia aquellos ídolos cayeron y viste a tus padres como en realidad son: Personas maravillosas que siempre te han dado su apoyo y que, como todo ser humano, buscan ser conscientes de su propia inocencia.

Ahora, libera a tus padres de la prisión a que los redujiste y reconoce en ellos la libertad que tú buscas para ti: Ellos son quienes son, no las personas que tú imaginaste que fueran.

Evita la relación de rabia, dolor y culpa con tus padres:

. No les exijas que cambien.
. Acéptales tal como son.
. No luches, pues así basas la petición de amor que les haces en el sufrimiento.

Reconoce inocentes a tus padres pues en ese reconocimiento les amas. Y, por extensión, puedes dar también tu amor pleno y satisfactorio en las relaciones con todas las personas que encuentras en la vida.

Acepta a tus padres para deshacer tu enfado permanente, pues al igual que creíste que tus padres no cumplieron el papel que tú les asignaste, ahora, en la ira, crees que quienes te rodean no hacen las cosas como deben.

Reconoce la inocencia en toda tu infancia para aceptarla para ti mismo. Tus hermanos, tu familia, los vecinos, tus maestros, y tú mismo, hicisteis todo lo necesario para avanzar lo más rápidamente posible en la aceptación de la inocencia.




ACEPTA TUS EXPERIENCIAS

Que pongas la otra mejilla significa que sabes que nadie te ha podido dar un guantazo, a pesar de que a ti te lo puede haber parecido. Significa que vuelves a ofrecerte inocente porque aquel momento en que creíste que pudiste ser atacado ya pasó y ahora vuelves a tener la convicción de que naces de nuevo en cada instante.

Significa que has entendido que sólo la inocencia es posible en todos los seres, puesto que así fueron creados, incluido tú. Por tanto, elige ver a todos los seres tal como son y no decidas por tu cuenta adjudicarles las características que a ti te parezcan oportunas.

No tengas en cuenta tus creencias ni las creencias de todos los demás. Acepta las dificultades, lo que parece ataque y elige no ver esa locura de terror ni en ti mismo ni en los demás. Esa no es la herencia que te pertenece sino tu opinión respecto a ella.

Sé humilde y acepta tu inocencia y la inocencia en todos los seres para que se cumpla en ti la eterna voluntad de paz. En la inocencia no hay juicios ni limitaciones, por lo que puedes comprender las siguientes palabras de Amalia Domingo Soler:

No pienses nunca en el mal que te han hecho, sino en el bien que puedes hacer. (Domingo, 1998:194)


En la inocencia sanas tus experiencias y, a la vez, las experiencias de las persona implicada en la relación. Sin hacer diferencia entre ninguna persona, puesto que no la hay, la inocencia os entrega a todos al amor.

Uno sois. Espíritu eterno en respeto, comprensión y paz. La sanación es irremediable y la inocencia total.

RECONOCE AL OTRO

Cuando por tu voluntad extiendes la inocencia entre ti y cada ser en cada uno de tus encuentros, también llega a todos la curación.

La curación, ese resplandor en el rostro y el brillo indescifrable en tus ojos, es la prueba de que has reconocido la realidad: Ya liberado de tu creencia en la separación, nunca más quieres abandonar a nadie.

Ya ves lo que en realidad es el otro, a pesar de que él pueda no verlo y sueñe una ilusión para él mismo. Pero como lo ves tan claro pasas por alto su auto-engaño, no compartes su sueño de realidad y potencias la realidad verdadera en ambos.

Ya no temes andar a su lado y, al contrario, deseas compartir el camino con él de manera tan pura que ninguno seréis líder ni seguidor. Este es el mayor desafío de tu vida porque nombrar al otro significa decir todos. El otro es cualquiera de todos los seres humanos como puntualizó el Dalai Lama:

Nuestro estado de ánimo habitual está profundamente influenciado. Mostramos una actitud distante hacia las personas que consideramos antipáticas o enemigas y, por contra, un desproporcionado sentido de intimidad hacia quienes consideramos nuestros amigos.

Podemos comprobar cómo nuestra reacción emocional hacia los demás es fluctuante y está llena de prejuicios. Hasta que seamos capaces de superar estos prejuicios, no tenemos ninguna posibilidad de generar una compasión genuina. (Dalai Lama, 1997:58)



Considerando a todo ser humano como legítimo heredero de la inocencia chocas con la estructura social que rige un mundo basado en la separación y el dolor y un enfrentamiento integral a todos los niveles, tanto económicos y políticos, como afectivos o de ocio.

Aquí es donde tu revolución íntima se convierte en la última revolución posible, porque cuando te entregas a la unidad, literalmente desapareces de un mundo con esas características y empiezas a construir la sociedad de igualdad y paz que corresponde a la humanidad entera.

El siguiente texto de Thomas Merton es bastante interesante en este aspecto:

La vida colectiva está organizada a menudo sobre la base de la astucia, la duda y la culpabilidad. La verdadera solidaridad queda destruida por el arte político de lanzar a uno contra otro y el arte comercial de valorar a todos los hombres por un precio.

Sobre estas medidas ilusorias, los hombres construyen un mundo de valores arbitrarios sin vida ni significación, lleno de agitación estéril.

Lanzar a uno contra otro, una vida contra otra, una obra contra otra, y expresar la medida en términos de coste o de privilegio económico y honor moral es contagiar a todo el mundo con la más profunda duda metafísica.

Divididos y enfrentados unos contra otros con el propósito de la valoración, los hombres adquieren inmediatamente la mentalidad de objetos en venta en un mercado de esclavos. Desesperan de sí mismos porque saben que han sido infieles a la vida y al ser, y ya no encuentran a nadie que les perdone la infidelidad.

Pero su desesperación les condena a mayor infidelidad: alineados de sus raíces espirituales, se las arreglan para romper, humillar y destruir el espíritu de los demás.

En tal situación no hay alegría, sino sólo cólera. Cada cual siente envenenada la más honda raíz de su ser por la suspicacia, la incredulidad y el odio. Cada cual experimenta su propia existencia como culpabilidad y traición, y como posibilidad de muerte: nada más.

Nos unimos para denunciar la vergüenza y la impostura de todos esos cálculos.

Si hemos de permanecer unidos contra esas falsedades, contra toda fuerza que envenene al hombre, que le sujete a las mistificaciones de la burocracia, del comercio y del estado policiaco, hemos de rehusar la etiqueta del precio.

Hemos de rehusar la clasificación académica.

Hemos de rechazar las seducciones de la publicidad.

No hemos de permitir que se nos lance a unos contra otros en comparaciones místicas; en ortodoxias políticas, literarias o culturales.

No hemos de dejarnos devorar por ellos para saciar su duda insaciable.

No hemos de estar meramente “a favor” de algo y “contra” algo, aunque estemos a favor de “nosotros mismos” y contra “ellos”. ¿Quiénes son “ellos”? No les demos apoyo convirtiéndonos en una “oposición” que suponga que son definitivamente reales.

Permanezcamos al margen de “sus” categorías. En ese sentido es como todos somos monjes: pues permanecemos inocentes e invisibles para los publicistas y burócratas. (Merton, 1967:129)



En esta dimensión social, el sentido de que la inocencia siempre es para todos queda muy claro, pues la única manera de que tú te creas inocente es ofrecerla a los demás.

Por esto, si niegas a alguien ya no hay inocencia para nadie, tú mismo incluido. Es imposible que repartas la inocencia a tu conveniencia, pues es Amor, y el Amor lo tienes y lo das a todos o no lo tienes.


RECONOCE AL GRUPO

Cuando sientes prejuicios o rabia sobre un colectivo significa que crees que cada uno de los miembros de ese colectivo te puede atacar, el miedo te domina y, como defensa, reaccionas con violencia ante cada individuo de ese grupo. Tu propia ira te ciega a comprender qué pasa y pierdes la paz.

Entonces, como afirma la psicóloga Robin Casarjian,

El prejuicio determina nuestras expectativas y experiencias, porque suponemos que cada persona de un grupo determinado se va a comportar de cierta manera. Nos relacionamos con una abstracción y no con un ser humano individual. (Casarjian, 1994:258)


Aunque nunca hayas tratado a ninguna persona de ese grupo, sí tienes creencias para ti categóricas sobre esos individuos como seres aislados. De esta manera te confundes. Te confundes porque una cosa distinta a tus creencias sobre ese colectivo es la actitud personal de cada individuo.

Tu desconfianza o tu ataque a cualquier colectivo de personas sólo indica que tienes tanto miedo por tu desamor hacia ti mismo que lo proyectas como separación en la identidad de ese grupo.

Siguiendo a Robin Casarjian:

El prejuicio suele tener su base en la experiencia real de alguien. Cuando vemos a numerosas personas pertenecientes a un grupo determinado comportarse de una manera que consideramos negativa, tendemos a generalizar y a esperar ese comportamiento negativo de toda persona que pertenezca a ese grupo.

Si no se miran a la luz de la conciencia estas generalidades y estos prejuicios, ciertamente van a fomentar una actitud defensiva e intranquila en toda futura relación.

Esta postura psicológica nos mantiene separados de nuestro Yo y se convierte en una profecía que lleva en sí misma su cumplimiento. Lo que pensamos y proyectamos es lo que contribuimos a crear.

A veces el temor y la ansiedad que sentimos en una interacción con otra persona es una señal sensata y oportuna para que pongamos atención, pero en las circunstancias cotidianas es más a menudo una defensa contra la verdad de quienes somos, nosotros y los demás. (Casarjian, 1994:258)

Esta defensa contra tu verdad misma te hace endurecer tu corazón. Te resulta muy fácil encontrar razones para odiar, para encontrar en los demás un enemigo, alguien a quien culpabilizar de lo que tú no te quieres hacer responsable: De ti mismo.

Es muy fácil para ti proyectar tu conflicto interno, tu sentimiento de culpa, sobre quienes te parecen más débiles que tú, e, incluso, sobre quienes te parecen más fuertes.

Entonces, fabricas separación social porque deseas pertenecer a un colectivo donde te sientas aceptado. Con este fin, en tu constante confusión, cambias tu voluntad de inocencia por la cubierta psicológica del grupo que agrede a otro.

Así, te enganchas, aún más, a la rabia, a ese enfado interno que te hunde en la soledad y que es una profunda miseria humana:

Si te identificas con un grupo cuya actitud general es de rabia, tu propia rabia asegura tu lealtad y tu aceptación dentro de ese grupo, ya sea éste tu familia, una determinada comunidad o un grupo más amplio político o nacional.

A veces la rabia nos protege de los sentimientos de desesperación e impotencia, y tal vez nos motiva para actuar y tomar medidas necesarias; pero esto puede hacernos creer que la rabia perpetua es algo natural y necesario. Por este motivo, es posible que los miembros de un grupo den mucha importancia a continuar airados. (Casarjian, 1994:266)


Y la agresión, la rabia desbocada, es mentalidad terrorista. Y tú, que te consideras buena persona, y tu vecino, tan buena persona como tú, os convertís en terroristas por vuestras razones asesinas.

Pero recuerda que, como la violencia es estupenda para mantener un orden social injusto, te estás volviendo a equivocar pues te proclamas verdugo de todos y defensor de nada.

Cuando tu actitud personal contigo mismo es la de vivir un conflicto interno permanente y en sufrimiento constante, no puedes sino identificarte con la separación y el enfrentamiento entre los seres humanos conveniente a los poderes políticos y económicos para mantener a las personas esclavas.

Y proyectando tu propia separación en tus relaciones con los demás, reproduces la ideología mercantilista que nutre de la voluntad de individuos que, como tú, eligen no responsabilizarse de sí mismos.

Esta es la razón de tus prejuicios, este es tu miedo, y, como dijo Salman Rusdie, separación es lo que das cuando unes tu soledad a la soledad de muchos:

Hay algo que, en ocasiones, sale de repente de nosotros, algo que vive dentro y, cuando sale para intervenir, nadie es inmune a él; posesos, nos volvemos, con intenciones asesinas, los unos contra los otros, con la oscuridad de ese algo en nuestros ojos y armas muy reales en las manos, el vecino contra el vecino dominado por algo, el primo empujado por el algo contra el primo, el algo hermano contra el otro algo hermano, y el niño algo contra el otro niño algo. (Rushdie, 1999:35)


No olvides que todos tus pensamientos agresivos siempre empiezan en tu propia mente y que tú eres el primero a quien atacan. Y recuerda que cuando no estás dispuesto a aceptar al otro es porque estás siendo incapaz de amarte.

Si te sientes descontrolado y abandonado, domina primero el pánico en ti y no intentes echarle encima tu angustia a la primera persona que encuentres. No te conviertas en la marioneta que otros desean que seas, como dijo Jack Lawson:

Cada vez que creemos hallarnos ante un problema y que queramos excluirlo de nuestras vidas, lo que en realidad ocurre es que nos encontramos ante el deseo secreto de excluir de nuestro interior algo de lo cual nos sentimos culpables.

Culpar a los demás de lo que nos ocurre es fácil. Aceptarlo sin juzgar e intentar aprender la lección es sumamente difícil.

Pero culpar a los demás por costumbre (algo totalmente generalizado en nuestra cultura) es muy peligroso: hace que perdamos el control de nuestras vidas.

Y perdiendo el control de nuestras vidas nos convertimos en marionetas de nuestro pasado. (Lawson, 1996:37)


Concédete a ti mismo la inocencia necesaria para aceptar a todos los seres humanos, porque es la única forma de que seas humano, la única manera de que tu voluntad vuelva a ti para desarrollar todo el inmenso amor que te pertenece y que quieres. Acéptate tú, pues eso significa que:

. No te limitas con ideas preconcebidas.

. Tienes fe en la buena voluntad de las personas en general y te niegas al sufrimiento como destino para tu vida.

. Te responsabilizas de los sentimientos más profundos, pues a la vez que te miras a ti mismo y entiendes tus contradicciones, puedes comprender lo que te parecen contradicciones en los demás.

. Entiendes que tú mismo te creas la imagen de grupo y le aplicas unas concretas características.

. Entiendes que miras a cada persona como individuo autónomo, con sus propios temores y condicionamientos.

. Reconoces el miedo colectivo que generan los actos destructivos.

LA GRACIA DE LA INOCENCIA

La gracia de la inocencia es la respuesta de lo Uno, de tu entrega a la unidad, a tu voluntad de saberte y de conocer a todos lo demás.

Sientes que a tu interior ha llegado una energía perfecta para quedarse definitivamente. Y que tú estás de acuerdo con ella, que tu voluntad es una con ella en ternura, paz y amor.

Tú ves que un orden que no te es extraño, que te resulta natural, se te ha instalado por todo tu ser para expandirse en todas direcciones hacia todo. Y tú lo ves y lo comprendes.

Conoces que, liberado de tus propias trabas, esa energía que es tu voluntad, libera de sus nudos a todos los seres que encuentras y, de pronto, te das cuenta de que aquellas ilusiones, con las que te fabricaste una realidad, han desaparecido.

Entonces, toda la creación vibra contigo porque ya no sientes deseo de ser especial, ni de diferenciarte de los demás.

Ya sólo tienes que pedir para recibir. Y pides, para completar tu voluntad, la unión con toda persona de la que todavía algo te separa: Eres consciente de que algo no funciona respecto a esa persona y no logras entender qué es lo que tienes que hacer para liberar la presión del dolor que os une.

Y te entregas. Tú no sabes qué hacer pero esa energía sí puede restablecer vuestra paz.

Y esperas. Y confías.

Hay veces en que, inequívocamente, se nos otorga la capacidad de perdonar. En esos momentos de gracia, se nos capacita para hacer lo que tal vez somos incapaces de hacer por voluntad personal u opción consciente.

Cuando el perdón tiene lugar a consecuencia de la gracia, experimentamos cómo a través de nosotros gobierna, trabaja un orden superior a nuestros pequeños yos. (Casarjian, 1994:272)


Pide. La gracia llega cuando has preparado en ti su camino, cuando te has unido a ti mismo y a los demás en el crecimiento del Amor.

Ora. Medita.

La oración es una forma de pedir algo. Es el vehículo de los milagros. Mas la única oración que tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo. (UCDM. Cap. 3, V-6)


Tuyo lo es todo. Tuya es la santidad, tuya fue siempre y para siempre lo es.

Tuya es la paz.

Y San Juan de la Cruz lo vivió:

Pues, ¿qué pides y buscas, alma mía?
Tuyo es todo esto, y todo es para ti.

DOCUMENTACIÓN

Documentación


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Después de todo considera que el mundo en el que vives es tu casa y no tienes otra donde ir. Cuídalo como si te cuidaras a ti mismo.

Los seres que habitamos este mundo somos imperfectos, pero dentro de nuestras imperfecciones siempre cabe mejorar.

Esa es una realidad, como que cada día que nace no volverá; polvo de estrellas somos y volveremos a serlo otra vez en el eterno ciclo de la vida.

Mi actitud es como la del árbol que crece generoso en el bosque agarrado a la tierra y que a todos cobija. Es como echar raíces nuevas cada día que el sol sale.

Piensa que un amanecer es como una melodía que a la vida nace. Escúchala con atención: No hay ni una que sea igual.

M. F. CASTILLA



Si dos hacen las paces entre sí en esta casa, dirán a la montaña, apártate, y se apartará.

EVANGELIO DE TOMÁS



El más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente.

UN CURSO DE MILAGROS